viernes, 26 de noviembre de 2010

El Perseguido - Kurt Sonnenfeld - 2009


KURT SONNENFELD nació en 1962, en Denver, Estados Unidos. Estudió en la Universidad de Colorado y se gradúo en Relaciones Internacionales con estudios en Economía, obteniendo un segundo titulo en Literatura con estudios en Filosofía. Se desempeñó como realizador de documentales de agencias gubernamentales de su país en los que recopiló imágenes de operaciones “delicadas” y muchas veces secretas. Llevó adelante entrenamientos y simulaciones de accidentes relacionados con ataques terroristas y catástrofes en bases militares y laboratorios científicos especializados en el almacenamiento y desarrollo de armas químicas, biológicas y nucleares. Ocupó el cargo de Director de Operaciones del Equipo Nacional de Respuesta Rápida de la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA), y fue reconocido con varios premios y distinciones por parte de las más altas esferas de su gobierno. Paradójicamente, luego de su trabajo en el “Ground Zero”, Sonnenfeld fue acusado dos veces de ser el autor de un delito que no cometió.

En la actualidad está exiliado en Buenos Aires, donde vive con su esposa Paula y sus hijas Scarlett y Natasha. Las reiteradas peticiones de extradición del gobierno estadounidense, que siguen a día de hoy, hasta el momento no han tenido éxito.

De esta lucha que el matrimonio Sonnenfeld mantiene con la todopoderosa USA, se hizo eco el pasado agosto Red Voltaire.

Paula, su esposa, tiene un blog en WordPress con una amplia galería de fotos y vídeos sobre el trabajo de su marido, así como varios álbunes en Picasa.

A continuación, un pequeño extracto del libro que me ha impactado especialmente:

"Los perros caminaban horas y horas en busca de alguna víctima que aún estuviera con vida. Lloraban de angustia, pues sabían que algo terrible había pasado pero al mismo tiempo se daban cuenta de que no podían ayudar. La carencia de víctimas vivas les impedía cumplir con su misión, cosa que los estresaba espantosamente. Caminaban hasta cortarse y quemarse las patas y continuaban con su incesante búsqueda hasta caer rendidos.

Un día, en el Javitz Center, me hice amigo de uno de estos perros de búsqueda y rescate, un ovejero alemán llamado Luna. Se había encariñado conmigo, movía la cola y me olisqueaba para conocer mi aroma, primero las manos y después los brazos, la cara. Pero cuando llegó a mis botas retrocedió rápidamente. Estaba asustada.

-Huele la muerte -me dijo su adiestrador-, eso la pone nerviosa".

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